COMEDIA

“Por el placer de volver a verla” en el Teatro Amaya de Madrid

Sergio

23 diciembre 2009

INFORMACION

El amor vuelve a los escenarios

Tras el enorme éxito que provocó “Hoy: El Diario de Adán y Eva” de Mark Twain, que se mantuvo durante más de 10 años en cartel en Argentina, Uruguay y España, llega otra historia de amor de sus mismos creadores, “Por el placer de volver a verla” de Michel Tremblay y protagonizada por Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza.

“Por el placer de volver a verla” comparte con “Diario” la misma sensibilidad, el humor blanco sin golpes bajos y la capacidad de despertar emociones. La obra nos presenta a un reconocido autor teatral que nos propone aceptar que alguien es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle.

Para probar que es así, y dar sentido a su última pieza teatral, deberá contar con la mujer que hará que su nostalgia adopte el rostro de la felicidad. Ante el público -sumergiéndose en un pasado muy presente-, sin prejuicios, ni preconceptos, ni humillaciones, ni miedos, ni desgarros tortuosos, iniciará un viaje al corazón abierto del teatro.

La escenografía propuesta por Miguel García de Oteyza, hermano de la actriz, es atemporal, para que trascienda épocas y permita al espectador adentrarse en los personajes para que, llegado el momento, acabe aflorando su propia historia.

Solá reconoció que su intención es jubilarse al terminar esta obra que comenzó su gira el pasado 9 de octubre en Avilés pasando por lugares como Logroño, Vitoria, Las Palmas, Málaga o Alicante para llegar el próximo 14 de enero al Teatro Amaya de Madrid.

Un montaje cuyos ingredientes y antecedentes prometen convertirlo en un éxito similar al de su precesora y que nos demostrará que la realidad y la verdad no son la misma cosa.

Venta de entradas: En la taquilla del teatro, entradas.com y atrápalo.com. También disponibles en El Corte Inglés y en el tel. 902 400 222.

Teatro Amaya (Paseo General Martínez Campos, 9 -Madrid) 91 593 40 05.
Fecha: A partir del 14 de enero de 2010.
Género: Comedia.
Horario: De X a V a las 20:30 h., S a las 19:30 h. y a las 22 h. y D a las 18 h.
Precio: De 12 a 25 €.

Redacción Todosalteatro.com


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COMENTARIOS
  1. de M.T.A.T. Madrid dijo:
    #1

    AMAMANTÁNDONOS. 29 de marzo de 2010. Teatro.

    Silencio. Semioscuridad. Un señor va a contarme un cuento. ¿Me gustará? ¿Tengo ganas de oírle acaso? No, no las tengo. No es su culpa. Ni la mía. Ya empieza.
    ¿Qué hago aquí, escuchando a ese señor sin escucharlo? Mi cabeza está llena de la enfermedad de la madre de Alba, y de la voz de Alba, mi amiga, la que más amiga es, que me describe por el móvil ese terror que se le alojó en el pecho y que no puede calmar. Así entré a esta sala, y así odié a ésta sala por pedirme desconectar el móvil con insistencia. Me voy. ¿Qué hago sola en este teatro, sin mi amiga que se quedó pasmada en su casa deshecha por la novedad que le asaltó dos horas antes de nuestro encuentro? ¡Esclerosis múltiple! ¡Qué nombre horrible para algo que se va a llevar la brillante vida de Matilde y su belleza al más oscuro de los sótanos! Matilde y su agudeza, y su don de gente, y su bondad y su solidaridad a toda prueba, va camino a la desesperación y a la derrota; y yo, aquí, en el teatro, viendo qué sé yo qué sin ver, oyendo sin oír, a un señor, ni guapo ni tampoco, que dice tener ganas de contar algo que para él parece ser muy importante. El gris oscuro se ciñe a su cuerpo pasado de kilos, no tiene glamour alguno, sólo el brillo de sus ojos y una sonrisa sufrida que se escora hacia la izquierda, hacia el micrófono que me molesta bastante así tan a la vista, y que, ¡no lo es! se trata de una cicatriz, que le cruza la mejilla y que, descubrirla, me ha entretenido hasta perder el hilo conductor del cuento que me cuenta ese señor que impone un enorme silencio en la platea, y, por lo que observo a mis lados, caras sonrientes, esperanzadas de pasarla bien. No he conectado aún con él, ni pongo voluntad de mi parte, espero que me atraiga. No sé qué anuncia que va a pasar. Su mamá, eso, acaba de presentar a su mamá… ¡¡¡¿Eres tonto?!!!, es lo primero que le escucho decir a la mujer, y el señor se tapa asustado con una manta oscura, se sienta en unos cubos a modo de camastro y su voz toma un tinte agudo, y grita contento, feliz ante el insulto: ¡Mi mamá!… Es lo último que recuerdo de mi enojo, porque, a partir de ese momento, mi madre, la de Ana y su dolencia feroz, y la madre de mi madre, mi abu, acudieron a mí, se sentaron en esa butaca vacía de Ana y me hicieron compañía hasta acabar el espectáculo. Un gran espectáculo -hecho con nada más que inteligencia emocional, tranquilidad de espíritu, cuentas saldadas, amor y alegría expresa de haber sido para el otro y con el otro- se adueñó de mí, y me arrastró hasta elevarme y sentir mi vida y todo lo que me rodea como un viaje fecundo y alucinante. Soy una voraz lectora, leer me gusta más que el cine y, por supuesto, que el teatro. Hasta antes de ayer, hasta: Por el placer de volver a verla, que hizo conmigo lo que el mejor de los libros. Debo pedir disculpas al señor Solá por haber dejado que el comienzo de la obra me pasara por delante sin entenderlo, y por juzgarlo así, tal cual lo conté, sin atractivo, como miro a un señor ya mayor en la calle, sin pena ni gloria. Era mi tristeza, el desencanto con el que entré al teatro. ¡Qué lección me dio! ¡Qué señor actor! Debo agradecerle a Blanca Oteiza: el torrente implacable de amoroso sinsentido y su calor humano; su ampulosa entrega representando ser quien es; y el terremoto de fotos recuperadas de los álbumes de mi corta vida, pero mi vida entera, (cumplí en el teatro Amaya los veintiséis), y cientos de imágenes plasmadas en papel, antes del vértigo digital, A ella, sencillamente le agradezco haber sido la madre de Ana, mi madre, mi abuela, la madre de cada amigo y amiga que me puso un caldo o un bocadillo en noches de estudio e insomnio; a ella, que, sin nada más que su amor expuesto, me devolvió una memoria que no pasará a la Historia, pero que dibuja mi historia, la del crecer. ¡Vi tan claro! ¡Oí tan profundo gracias a ella! ¡Comprendí tantas cosas incomprensibles sin haber sido madre, antes de serlo! ¡Y sin decir nada más allá que las diez cosas que ponen en juego las madres en su desesperación; cosas que no dicen lo que dicen, pero que sienten más allá del pasado y del futuro, con esa carga de llevar la historia a un destino incierto, frágil, a veces sin consuelo, con la única intención de seguir adelante, con la casa a cuestas, el amor a cuestas, el dolor a cuestas…! Esa obra, tan sencilla como respirar para cualquier persona sana, ¡me demolió y me reconstruyó! Riendo y llorando. ¡Lo más complejo puede ser tan simple!, y ¡tan contagioso en sus tesoros más escondidos! ¡Qué teatro tan bonito, tan sencillo, tan claro, tan gozoso, tan seguro de sí, vi anteanoche!
    La música, los colores en juego, y ese “sonido de lo que decían” que no eran palabras hilvanadas, sino “nanas” -benditas nanas que ya nadie me canta y por las que clamaré a mi abuela de aquí en más-; territorios protegidos que se acaban al pasar la frontera, al ser mundo como cualquiera, ya nada especial, ya un poco nadie para todos…
    Volveré. Con Ana. Y con mi madre y mi abuela. Y con Matilde. Algo me dice que, antes de la gran pelea, necesitará que le hablen como esta obra me habló a mí. Del tiempo, de la memoria, de la presencia que se impone a la ausencia, del milagro, el único y verdadero, de haberse encontrado, de haber coincidido, de haber aprendido a ser juntos. De haber entendido. Nos iremos yendo, público y actores; quedará la obra: amamantándonos, pensé.

  2. Vilma dijo:
    #2

    Sencillez y grandeza POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA, de Michel Tremblay. Dirección: Manuel González Gil El título es simple, la escenografía es simple, la escena se reduce a un actor y a una actriz. Sin embargo, nos vemos llevados, al final de la representación, a exclamar: ¡qué grandeza! Así festejamos, en un aplauso emocionado, que haya ganado, durante un rato, lo que Miguel Angel Solá expresa como un deseo al presentar la obra: que el teatro le gane la partida a los móviles, a las prisas, a estar en conexión permanente. Pocos espacios obtienen este merecido respiro que nos cuesta tanto permitirnos para gozar de lo intemporal. Los imperativos actuales nos han capturado de tal manera que en muchas ocasiones consiguen hacernos olvidar lo esencial. Y el teatro tiene la noble función de recordárnoslo. Ahí está el teatro para despertarnos del sueño del progreso, para recordarnos que la vida, que las cosas importantes de la vida, requieren nuestra atención, nuestra dedicación. Por el placer de volver a verla presenta la relación entre una madre y un hijo en distintas épocas, tejida a través de episodios que pueden parecer intrascendentes, pero que, de forma magistral, condensan los encuentros fundamentales que deciden la orientación de una vida. Sin escatimar las verdades y mentiras, los sentimientos encontrados, la ternura y la rabia, la admiración y el desdén entre dos seres unidos por uno de los lazos más poderosos que sólo conoce nuestra humana condición. Ese lazo tan particular se gesta en la palabra: “recuerda hijo, lo importante es hablar” dice ella, encarnada en la magnífica Blanca Oteyza: intensa, verdadera, sencillamente maravillosa. Este precioso texto sobre una relación tan íntima enseña que no hace falta recurrir a la obscenidad ni a la grandilocuencia. Ellos hablan, hablan, en un intercambio de malentendidos que ambos afrontan, sin desesperación, cuando el muro del diálogo se evidencia. Resisten, se ponen a prueba, nombran los sentimientos, y perfilan dos maneras de entender el mundo. Ese mundo diverso y grande del que no se puede gozar sin los libros que lo han relatado e inventado: hablar sobre los libros despierta en el hijo el deseo de escribir. Con sencillez, soberbio, Miguel Ángel Solá puede hacernos creer que tiene once años, catorce, veinte… hasta ser un autor maduro que tiene la ocasión de presentar al mundo, con humildad, las pequeñas cosas que formaron su ser. Ese camino sin el cual no seríamos lo que estamos intentando ser. Un camino tejido con las personas y con los encuentros que nos enseñaron, nos decepcionaron, nos conmovieron y que hemos transitado en medio de trompicones, sollozos y saltos de alegría. Un camino en el que se va formando, también, lo que no sabemos de nosotros mismos, hasta el día en que comprendemos que algunos, que nos quisieron, nos brindaron el tiempo necesario para que pudiéramos equivocarnos aprendiendo a vivir. Vilma.

  3. Lucía dijo:
    #3

    A mi madre la quiero con toda mi alma. Vi la función anoche en el Bulevar , y con toda mi alma digo que así quiero a mi madre. Y que soy feliz de haber venido al teatro por primera vez en muchos años, hoy, en Torrelodones. Y que entre ese mar de gente con la emoción suelta como yo, en lo único que pude pensar es en mi madre y en lo que le he hecho sufrir y en las alegrías que le he dado. Y que, aquí en casa, sigo besando su foto. Madre mía de mi corazón, te adoro. Ayer estuve besando tanto su foto, que rejuveneció. Es broma, pero quería hacer como el autor de esa obra que le inventa el final que quiere, no el de la realidad, le rebajaría treinta años para que se sintiera joven, feliz y hermana mía, además de mi madre. Lucía

  4. Carlos dijo:
    #4

    Merece el éxito apabullante que tiene. Alivia el alma. Da amor. Dan ganas de abrazar a esos dos actores para ver si la calidez que demuestran es contagiosa. La obra es entrañable, delicada, profunda, sencilla, deliciosa; es una metáfora envolvente del sueño realizado, del coraje puesto en los sentimientos más auténticos. ¡Seres que no pasan facturas para convivir! ¡Seres pequeños como los seres pequeños que somos cuidando del amor, del tan depreciado amor! ¡Los hay! ¡Los habemos, claro que sí! Cien puntos. la veré otra vez. Carlos Hipólito Rosas

  5. Leticia dijo:
    #5

    Se corre el peligro de calificar “Por el placer de volver a verla” como una especie de metateatro, de teatro en el teatro, pues habla de la sentimentalidad de la farándula, de la soledad y de la alegría de los cómicos y de su relación con el público. Pero eso, que puede ser cierto, no creo que sea una intención didáctica, sino un escape sentimental.
    Matizado este riesgo, cabe decir que es un homenaje a una madre extraordinaria, de una imaginación y emotividad portentosa. Eso también sería una verdad incompleta. Los recuerdos de la madre canalizan dos biografías unidas por el amor, las dulces disidencias y una rendida admiración recíproca: madre e hijo. Se unen, por lo tanto, en esta obra de Michel Tremblay, dirigida por Manuel González Gil, dos pasiones en estado puro: el teatro y una madre exagerada, genial en sus fantasías y en su autoritarismo: Nana, que asciende a los cielos, una fantasía más en un final bello y lírico. Hay belleza en la simplicidad cambiante de la escenografía, hay belleza en las emociones contenidas y hay una belleza emocional en la interpretación en verdad apabullante. El placer de volver a verla es el placer de la interpretación, y no sólo por parte de Miguel Ángel Solá, un verdadero crack de la depuradísima escuela argentina; Blanca Oteyza está, en términos coloquiales, que se sale. El Keeling emocionante, contradictorio, tenso en ocasiones, entre madre e hijo, brota en el escenario, entre actriz y actor, con complicidad y pureza. Blanca Oteyza aporta los registros de una madre atenta a todas las manifestaciones del hijo, a través de sus manías maternales, sus miedos, su autoridad cuestionada, su enfermedad terminal; y su ternura, llena de incertidumbres reales o fingidas, sutiles fronteras difíciles de discernir entre la realidad y lo imaginado. Blanca Oteyza siempre comparable a Miguel Ángel Solá. Y sin desmerecer nunca.
    Por encima de todo, el mérito mayor de Por el placer de volver a verla, radica en permitir una interpretación dúctil e intensa. Si Miguel Ángel Solá, en pleno dominio del gesto y de la voz, recorre la escala de la infancia, juventud y madurez con naturalidad, Blanca Oteyza hace de su personaje una cascada de emociones sin límite: una fuerza de la naturaleza.
    Después de “Hoy: El Diario de Adán y Eva, de Mark Twain”, Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza: gracias por el inmenso placer de volver a veros. Don y virtud del arte de interpretar Javier Villán (EL MUNDO) Calificación: * * * *

  6. Quique dijo:
    #6

    Lo hallé en un blog de El Diario Montañés. Me encantó. Quique.
    http://WWW.ESCONDIDOENTREBAMBALINAS.TK Y http://WWW.PERIODISMO21.TK

    `POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA´: LA PALABRA HECHA EMOCIÓN

    Hablemos de teatro. Hablemos de emociones. Hablemos de buenos actores. Hablemos de un texto tierno, amable y de una sencillez extraordinaria. Hablemos de un espectáculo `desnudo´ en el que solo son protagonistas el texto, los actores y el público expectante que desea seguir viviendo las vidas de otros. Todo eso es Por el Placer de Volver a Verla, un montaje que vuelve a reunir en escena a esa pareja formada por Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza que tantas alegrías dio a la espectadores españoles y argentinos hace unas cuantas temporadas.
    ¿De qué trata este reencuentro? Trata de un autor de teatro que decide evocar a su madre desaparecida en su nueva pieza teatral. Así, podemos conocer como era la relación entre esta madre y este hijo a lo largo de los años.
    Solá brilla en escena encarnando a este hombre que quiere revivir el mayor amor de su vida: su madre. Una madre que encarna Blanca Oteyza en el que quizás sea su mejor trabajo visto tanto en cine, teatro como televisión en España. Sorprende la versatilidad que la lleva de la pasión por el teatro al amor por su hijo y los recuerdos de lo que pudo haber sido en su último aliento. Sin duda alguna, encarnan una pareja escénica de excepción como pocas veces se puede ver en escena.
    El texto transita por las emociones vitales. De la risa al llanto hay solo un paso. La delicada línea que separa la vida de la muerte. El público se entrega ante un texto que toca la fibra sensible de un público deseoso de experimentar, de vivir otras realidades paralelas como son las que nos plantea el teatro. La escenografía, muy correcta y minimalista, la dirección a cargo de Manuel González Gil o la iluminación son otros de los puntos fuertes de la función.
    LO MEJOR: LA VERDAD DE SOLÁ Y OTEYZA EN ESCENA
    LO PEOR: NO SABRÍA PONERLE MUCHAS PEGAS
    VALORACIÓN:*****
    CARLOS RIVERA DÍAZ

  7. Ligia dijo:
    #7

    No ver esta función, perdérsela, es una tontería, por decirlo con suavidad. Nada puede ser más bienvenido hoy que un cuento tan bonito como éste. Mujeres: al teatro. Hombres: al teatro. Por el placer de volver a verla es mucho más que una obra tierna, o un homenaje a la madre, o una caricia al corazón, o una cuestión de alta química actoral. Es mucho más. Es la pequeña enormidad de la vida en cada uno, la historia del tiempo que pasa, la luz del comienzo del amor. Y más: es un valioso momento compartido por muchos. Ha sido un gran placer asistir hoy viernes al Borrás, no imaginé que lo sería tanto. Ligia.

  8. saúl dijo:
    #8

    Excelente función de teatro y grandes actuaciones. Volveré con mi madre que es igual a la madre del protagonista de la obra. Nos reiremos en grande y también lloraremos de la manocomo debe ser. Es el mejor plan que puedo inventarle y la mejor manera de contarle todo lo que siento por ella pues mucho de eso podría haberlo escrito yo si supiera. Otras anécdotaspero el mismo fondo y el mismo agradecimiento infinito. Saúl

  9. Lola Rial dijo:
    #9

    Es una obra deliciosa, y sus actores son, para mí, los más grandes del teatro de las emociones, de las sensaciones y del festejo de las emociones más empobrecidas por la realidad a la que nos empujan sin ningún escrúpulo los medios de comunicación. He ido a verla con dos de mis tres hijos, porque quería que vieran en acción a los actores de la obra maestra de esta década: El Diario de Adán y Eva, de Mark Twain, y nuestra noche ha sido completa, felices, unidos y queriéndonos como siempre, pero más. La recomiendo con el corazón. Lola

  10. Susu dijo:
    #10

    Es una maravilla de función. Volveré a verla con mis hijos a ver si se les pega algo. Susu

  11. Marcela dijo:
    #11

    Lo han logrado otra vez. Es tal el respeto por el espectador, y por el teatro, que dejan en uno la sensación de haber tocado el meollo de las cosas con dos agujas y una madeja. Son de una imaginación y de una integridad artística que fascina a cualquiera. Estos actores entran en relación directa con la masa de público que los sigue, y, al mismo tiempo, con la persona individuo, hecha de un cuerpo y de un espíritu mezclados e indivisibles en el acto de sufrir y gozar. . La de ellos es una tesitura emocional. Única. No hay otros que la practiquen con tal limpieza. El Auditorio cerró sus puertas con la satisfacción inmensa de haber albergado lo intensamente bien concebido. A.V.

  12. mauro dijo:
    #12

    La inmortalidad existe.
    Existe para algunos pocos elegidos, pero existe. La mayoría de las veces porque esas mismas personas la han buscado, pero otras veces, se consigue sin quererlo, solamente por amor y este es el caso de esta obra. La inmortalidad de una mujer gracias al amor de su hijo. Un hijo que cree que todo el mundo debe conocerla, por ser una mujer especial. Realmente es especial y conocerla lo mejor que te puede pasar.
    Por el placer de volver a verla es el ejemplo más bonito de como alguien, por amor, consigue traer a esa persona que tanto añora de vuelta a la vida.
    Es el teatro dentro del teatro. Es Tremblay (o su equivalente en actor) presentando a esa mujer que tanto ama al público, recreando su vida otra vez, para ofrecerle el final que se merece, repleto de amor, de belleza y de honor. Sin atrezzo, sin más personajes que ellos dos. El escenario prácticamente vacío y aún así logras sumergirte del todo en la historia. Es la historia de amor más pura y sencilla contada a través del cuerpo de otros actores.
    Es muy difícil explicar la peculiaridad de esta obra de teatro. La verdad es que nunca había oído hablar de Michel Tremblay y ha sido con esta obra con la que he descubierto a uno de los escritores más emotivos que he tenido el placer de vivir.
    Me da la sensación de que Tremblay sufre un poco el síndrome de mamítis que sufría (o sufre) Almodóvar. Es una persona profundamente enamorada de su madre, tremendamente ligado a ella, para quien no existe nadie más y para quien nadie podrá ocupar su lugar. Normalmente suelo tener sentimientos de rechazo antes estos casos de mamitis tan exagerados, pero en esta obra se respira tanto amor, tantas ansias por hacer lo imposible por otra persona, tanta fuerza, que al final de la obra lo único que puedes hacer es llorar. Llorar y desear que algún día, alguien se capaz de quererte de la misma manera y con la misma intensidad e intente por todos los medios recordarte e inmortalizarte una vez te hayas ido.
    Esta obra (título original Encore un fois, si vous le permettez), ha sido ganadora del premio Chalmers y del premio Dora Mavor Moore en el 2000. No es que sean premios súper famosos y fantásticos, pero ahí están. Fue escrito en solamente 3 días y ha sido traducida a más de 22 idiomas, siempre con una crítica excelente. Es sin duda la obra más desinteresada y mágica que he visto en mucho tiempo y una de las mejores maneras de pasar un viernes o sábado noche.
    ¿Por qué mola tanto la obra?
    Mola por muchas cosas, te ríes, lloras, te vuelves a reír y pasas un buen rato. Pero sobre todo mola porque escribiendo esta obra, Tremblay ha logrado que su madre resucite varias veces al día, en diferentes partes del mundo, cada vez que un teatro decide ofrecer su obra. Porque en el momento en que su madre está ahí, viva, delante de él, la hace feliz, la convierte en reina, se desvive por darle la despedida que no le pudo dar. Porque, especialmente al final, puedes sentir el amor que hay sobre el escenario, lo lejos que ha llegado una persona para demostrar amor, para inmortalizar a la persona más importante en su vida, para traerla una y otra vez a la vida y así no tener que decir adiós jamás de manera definitiva.
    Mola porque, durante los 90 minutos que dura la obra, te olvidas de ti, de tu situación, de tus problemas y preocupaciones, para convertirte en un mar de emociones. Vas a reírte mucho y vas a llorar mucho. Vas a sentir mucho. Y sentir tanto, hasta ser incapaz de hacer cualquier cosa que no sea sentir, es de las experiencias más enriquecedoras que hay, porque nada nos hace más humanos que sentir.
    La obra se puede ver en estos momentos en su segunda edición en el teatro Amaya de Madrid, Paseo. General Martínez Campos 9.
    La recomiendo encarecidamente.
    By Nat in Mola vivir otras historias Tags: teatro, emociones, artes escénicas, actuaciones http://cosasquemolan.com/author/cosasmolonas/ 22 NOV 2010

  13. Alicia dijo:
    #13

    Hola, quería transmitir al Teatro Amaya y por supuesto a los actores Miguel Ángel
    Solá y Blanca Oteyza mis felicitaciones por el resultado de la obra teatral
    Por el placer de volver a verla. He tenido la suerte de llegar a verla en octubre gracias a que la volvisteis a representar y voy a tener la suerte de experimentar el placer
    de volver a verla y a verlos porque alargáis la representación hasta enero. Hay pocas cosas en la vida que te den tal sabor de boca como una buena obra de teatro, una buenísima interpretación y un mensaje hermoso y simplemente vital, como el de dicha obra: “alguien es único cuando crea en el otro el placer de volver a verle”. Gracias por poner voz, gestos y espíritu a los personajes que durante una hora y media me han hecho, sencillamente, feliz. Saludos, Alicia.

  14. Anita dijo:
    #14

    La encontré y es para que la disfrutemos todos. Besos a Todos al teatro por tan magnífica página.

    POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA.

    Si Broadway hablara español, los luminosos con los nombres de Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza serían del tamaño XXL. Por suerte para nosotros la obra se representa en el teatro Amaya de Madrid después de haber recorrido con éxito gran parte del territorio nacional.

    El autor de “Por el placer de volver a verla” es el canadiense Michel Tremblay y la obra es un magistral homenaje a la memoria de su madre. Utilizar un escenario para contar todo aquello que no le dijo en vida podría resultar un “pastelón” de no ser por el talento del autor que fabrica un texto lleno de aciertos. La dirección de Manuel González Gil y la interpretación de la pareja protagonista redondean una obra excelente.

    Miguel Ángel Solá sale a escena en vaqueros y camisa azul que no se cambiará en toda la representación y se dirige a “la cuarta pared” como recurso narrativo enganchando al espectador desde el primer momento; salvo un buen texto, no necesita nada especial, es así de enorme. Puede hacernos creer que tiene once años, catorce, veinte… si se lo propusiera sería capaz de interpretar a Tarzán, Jane y la mona Chita y hacer perfectamente creíbles a los tres. Blanca Oteyza es esa madre a veces histérica, otras dulce, que encierra todas las madres en una. La madre amiga, compañera, cómplice y referente, como relación claramente edípica del autor. Su Nana es un bombón de papel, y ella, un marrón glacé de la escena.

    La obra tiene todos los ingredientes para durar varios años como ya sucedió con “Adán y Eva”.

    Gracias “por el inmenso placer de volver a veros”.
    Publicado por Pedro Rubio en 11:38 AM.
    http://milleches.blogspot.com/2010/11/por-el-placer-de-volver-verla.html |
    Thursday, November 25, 2010

  15. Carmina Escorial dijo:
    #15

    Me ha parecido una obra que reúne todo, humor, nostalgia. La pareja de actores llegan al corazón de los espectadores, y os la recomiendo a todos.

  16. maria pilar dijo:
    #16

    Los amantes y no amantes del teatro no os podeis perder esta gran obra. Sin adornos. Ni falta que hace! sobra todo con esos dos grandes actores. están insuperables. y el texto sin desperdicio. quiero tener el PLACER de volver a verla. ¡Oviedo despierta y trae la obra!

  17. Pablo dijo:
    #17

    Volveré a verla. Ayer, Jaime Azpillicueta hizo de esta función un elogio antológico y lleva razón. Mi placer se remonta a Santander donde les vi por primera vez. Cada vez que bajo a Madrid mi compromiso es con ellos. No me han defraudado nunca, me han mantenido en el límite de mi emoción y la suya. Han sido conmigo veraces. Eso se comprende si una y otra vez alguien te acuna, te lleva en volandas y te sopla el aliento de la ilusión y la poesía. Nuestro corazón está lleno de ella aunque no lo muestre un electro. Volveré una vez más.

  18. Jorge Moya dijo:
    #18

    De pequeño mi madre me enseñó que en esta vida todo merece un esfuerzo, que nada viene por obra o gracia del espíritu santo, que en el futuro serás todo aquello por lo que estés dispuesto a luchar, que la familia es lo único que perdura y que el tiempo arrasa con el resto. Me advirtió que la gente viene y va, que hay que aprovechar el presente y sobretodo, que hay que querer, aprovechar cada momento y entender que los cambios vienen de forma tan intempestiva que apenas te da tiempo a saborearlos. Siempre me ha animado a soñar sin basarme en utopías, a buscar mi camino, luchar por lo que es mío y tener en cuenta que la satisfacción no sólo llega cuando se ha cumplido con las aspiraciones y deseos personales, sino también cuando se ha hecho feliz a los demás. Me ha acompañado durante todo mi proceso de maduración y ya ha advertido que siempre va a estar a mi lado.
    Por eso entiendo a Michel Tremblay, dramaturgo y escritor canadiense que realiza un retrato apasionado de su madre en Por el placer de volver a verla, una obra que se representa en el Teatro Amaya de Madrid desde el pasado 24 de Marzo. Voy a intentar contar poco sobre ella puesto que, en este caso, lo más recomendable es ir al teatro a verla y, si ya se ha visto, volver otra vez. Quizás se puede decir que sólo hay dos personajes en escena que se quieren dentro y fuera de las tablas, que hablan durante casi dos horas sobre las relaciones humanas y tienen el atrevimiento de meterse sutilmente en la personalidad y la conciencia del público. Uno de ellos es un escritor que vive prácticamente en la ficción, como tantos de nosotros, para no hacer frente a varias dudas, indefiniciones y a su propio proceso de madurez. El otro es Nana, la mujer más importante de su vida, que lo acompaña durante los diez años que narra la obra con admirable valentía.
    El texto de Tremblay es de una calidad narrativa impagable, explora las noticias que nunca vemos en los medios pero que existen, como la capacidad de soñar, la frustración, el amor y el olvido, a través de un discurso sobrio y definido que consigue que el espectador crezca viendo esta obra. La actriz Blanca Oteyza mantiene una interpretación rigurosa apoyándose en los cambios de vestuario, sus entradas y salidas del escenario y la exageración que requiere su carácter. En mi opinión, su mayor mérito radica en haber universalizado su personaje, con el que consigue que se identifiquen todas las madres. Por otra parte, el actor argentino Miguel Ángel Solá pone el teatro a volar por encima del resto de la ciudad metido en la piel del escritor. Rara vez se puede asistir en el teatro al espectáculo de un actor como este, que mediante el contacto visual, los gestos y la voz, desprende un magnetismo que indaga de lleno en las frustraciones y la ambición de los que se sientan en el patio de butacas. Cómo extrañaba apasionarme por algo y dejarme llevar por un torrente interpretativo como este. La crítica ha alabado la obra pero también hay un grupo de detractores que argumenta falta de acción, personajes que no evolucionan y que acaban por convertir la representación en repetitiva y perfectamente calibrada. Pero incluso los que hablan de un teatro a medida para las masas reconocen la inaudita habilidad para controlar los sentimientos del público, que se entrega al torrente escénico de sus dos intérpretes. Podría decirse que durante la función Solá hace malabares con las emociones, en esta obra que ha sido calificada de pura inteligencia emocional.
    Texto: Guillermo Aroca. Domingo 10 de Abril de 2011 18:02
    http://www.doze-mag.com/index.php/vortice/577-michel-tremblay

  19. Nati dijo:
    #19

    Ayer tuve la oportunidad de presenciar la representación de la obra teatral “Por el Placer de Volver a Verla”, de Michel Tremblay, en el Teatro Amaya, de Madrid. Esta versión española, obra de la compañía Loquibandia, mezcla, hábilmente y de una forma muy inteligente, el humor y el cariño con la ternura y la tristeza. Sin duda un interesante ensamblaje de sensaciones y emociones simbólicas que tocan la fibra. Dirigida por Manuel González Gil e interpretada por Miguel Ángel Solá y Blanca Oteyza, nos encontramos ante una obra de teatro, dentro del teatro, en la que sus actores están inmensos. Concretamente, el argumento está basado en la historia de un reconocido autor teatral, -también director y actor-, que propone aceptar que “alguien” es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle. En este caso, para él, ese alguien es su desaparecida madre, a la que recuerda con cariño. La verdad es que llego tarde para recomendarla, porque justo hoy se baja el último telón. Si alguien está a tiempo de poder ir a verla, que no lo dude. ¡Os animo a que lo hagáis! Espero que tras el verano vuelva a Madrid o gire por el resto de España, ya que es una obra muy interesante. Aunque supongo que será complicado porque ya ha estado en teatros de casi toda España, como, por ejemplo, de Andalucía, Galicia, Canarias, País Vasco, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Asturias, Extremadura, Cantabria, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Ceuta, etc. Por lo que si no es así, espero poder deleitarme con la actuación de sus actores en otra representación, próximamente. De hecho, hace varios años también pude ver otra obra de la misma compañía y actores: “El Diario de Adán y Eva”, de Mark Twain. En este caso fue en el Teatro Reina Victoria, de Madrid, “El Diario de Adán y Eva” también estuvo genial y salí con la sensación de que era una obra maestra.
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