Criticas

‘El Avaro de Molière’ esconde su dinero en el Teatro Karpas

15/06/2017

Mayelit Valera Arvelo

‘El Avaro de Molière’ esconde su dinero en el Teatro Karpas

Las mayores verdades se dicen riendo, así lo dejó bien claro el insigne dramaturgo Molière, que con sus obras maestras hace reflexionar al público con humor y un toque de sarcasmo. Esta vez su pluma llega al Teatro Karpas con la pieza “El Avaro”, bajo la dirección y adaptación de Manuel Carcedo Sama, quien con su ingenio lo hace otra vez, fusiona un maravilloso texto con su perspicacia para conquistar a los espectadores con una puesta en escena novedosa y auténtica, dentro de un recinto mágico que nunca nos deja de sorprender.

Entre risas no ofrece un montaje excepcional, cargado de matices genuinos, los cuales siempre están presentes para diferenciar sus trabajos. En esta ocasión con una pieza que no está muy lejos de la realidad, al contar con un protagonista: viejo, viudo y avaro, que “es capaz de robarse a sí mismo”. Un personaje que fácilmente deambula por las calles de cualquier ciudad, porque sin importar la época que vivamos, la ambición y la codicia del ser humano no tiene límites, siempre ha existido y existirá.

Porque nunca ha habido tantos avaros como en nuestra sociedad actual. Hombres cuya patológica afición a tener y acumular termina por destruirlos, convirtiéndolos en muñecos rotos. Un montaje que transita por la Comedia del Arte y el Cómic, de este modo trasmitimos este mensaje de Molière que, sorprendentemente, después de cuatro siglos continúa vigente. ¡Que poco hemos aprendido!”… Riámonos de nosotros mismos”, se lee en el programa de mano de El Avaro.

De este modo, Carcedo Sama apuesta por una puesta en escena diferente, con una caracterización al extremo, sin mezquindad, pero sin olvidar lo clásico, y a la vez utilizando otros recursos creativos que encantan a los asistentes. Donde el talento está servido para la explosión de aplausos – luego de dos horas – donde cada personajes defiende sus ideales y preceptos de la mejor manera, dentro de un ambiente hostil que los agobia.

Para los que somos asiduos a Teatro Karpas sabemos que no se arriesgan con textos fáciles, todo lo contrario, asumen retos con grandes obras que poseen excelentes historias. Siempre apoyándose en un extraordinario elenco, que en esta ocasión está encabezado por Rubén Casteiva, quien se luce como Harpagón, el viejo tacaño a quien nada más le importa el dinero. Se elogia su trabajo visceral, que con sus ojos y sus cabellos rebeldes crea un personaje maravilloso que embelesa de principio a fin, lleno de fuerza, astucia y energía.

Lo acompañan en escena: Alberto Romo como Cleanto, Ana Vélez como Elisa, Jorge Peña Miranda es Valerio, Belén Orihuela como Mariana, Maite Vallecillo es Frosina, Raúl Peñalba como Flecha y Javier del Arco como Comisario, todos conforman un elenco ejemplar, que se escucha y se acopla de la mejor manera para crear una atmósfera teatral contundente. Algunos de ellos comparten personajes con: Alexia Lorrio, José Luis Lozano, Patricia Garó, Charo Bergón, César Rosado y Jorge Peña Miranda.

Para la puesta en escena disponen de una mesa y una silla a un costado, y del otro lado, un banco; del resto se encarga el elenco, sus vestuarios y algo de atrezo. El ritmo de la obra es trepidante, siempre va en ascenso, dentro de un ambiente de enredos donde el avaro, quien solo desea resguardar su dinero, no confía ni en él mismo, para él todos son sus enemigos con deseos de robarlo, y sin entender muy bien “que hay que comer para vivir y no vivir para comer”.

La música es original de Rubén Berraquero y Jorge Cardona García, melodías que le dan un toque auténtico a la puesta en escena, con pequeños cambios de luces, que ayudan a diferenciar los momentos. Y Harpagón tan avaro, como insoportable, también rompe la cuarta pared para decir una de las suyas, porque con las palabras no es miserable, las grita sin recelo para dejar bien claro lo que desea y defender lo que es suyo. Realmente un excelente montaje que no se pueden perder, se presentará hasta el mes de julio.

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