Criticas

‘El último beso’, tatuaje en el alma

03/08/2018

Mayelit Valera Arvelo

‘El último beso’, tatuaje en el alma

Desde la malagueña factoría Echegaray llega a Madrid la obra ‘El último beso’, escrita y dirigida por Jerónimo Cornelles.

Todo sucede en la sala de espera de un extraño hospital, donde Erika reza para que su marido sobreviva a un accidente, pero al mismo tiempo se plantea una eutanasia ilegal. Pero en minutos llega a la sala Laura, un transexual que aparece con un largo vestido azul y unas alas de hada, ella es la amante de la víctima y también reclama su espacio.

Y mientras estas féminas se enfrentan, el amor de sus vidas se está muriendo. Su encuentro les permite poner en la mesa sus cartas, explicar las vivencias de cada una, pero son muchas interrogantes las que surgen. En minutos aparece en escena un psicólogo tetraparético que intentará ayudarlas, o realmente confundirlas más. Ante la difícil situación en la que se encuentran se forma un delicado triángulo de inquietudes, preguntas y respuestas.

De este modo somos testigos de un texto original que nos sorprende y nos cautiva. Que trascurre sin darnos cuenta, que nos envuelve y nos hace parte de ellos, de un amor que traspasa lo inexplicable hasta el último beso.

En el escenario solo se aprecian unas sillas blancas de sala de espera. En ese espacio se desarrollará la historia de manera trepidante, un clima donde estas dos mujeres se pelean el último pensamiento del difunto, ya que ese día iba dejar a alguna de las dos, pero no saben a quién de ellas, pero prefieren no saberlo. Por eso necesitan compartir ese último beso que le dio a una de ellas, el último suspiro.

Carlos Bahos realiza un trabajo formidable como transexual, el vestido está adherido a su piel, los zapatos ya se mueven solos, un maquillaje que lo complementa, sus uñas azules embelesan; es así como sus movimientos delicados y bien estudiados revelan un trabajo exhaustivo del personaje.

Alejandra Cid se planta como un asta para hacerse sentir con su fuerza y su ímpetu en el escenario. Su poderío actoral se crece ante la fémina que le han quitado a su marido, y entre risas se revelan las mejores verdades para no llorar.

Y con un toque de diversión aparece Antonio Chamizo como el psicólogo, para equilibrar la escena, para oxigenar los diálogos de estas féminas que deseosas de tener mucha vida se ven sumergidas en la muerte.

Una tragicomedia bien escrita, con un toque un de humor negro, que se colma de aplausos con el trabajo interpretativo, de dirección y texto, todo un regalo teatral para los espectadores.

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