Criticas

‘Vania’, un mundo caótico y sin ilusiones

02/11/2017

Mayelit Valera Arvelo

‘Vania’, un mundo caótico y sin ilusiones

Ir al teatro para ver una obra de Antón Chéjov es un viaje seguro de satisfacción para los amantes de las tablas, y si además te sorprenden con una puesta en escena ingeniosa, donde las actuaciones se dan la mano con un texto maravilloso tan vigente como cuando se publicó en 1899, realmente es un regalo.

Les Antonietes Teatre apuesta por esta pieza del dramaturgo ruso, ‘Vania’ que se está representando en el Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez, con adaptación y dirección de Oriol Tarrasón, quien también interpreta el papel de Mijáil Lvóvich Ástrov, el médico rural amante de la naturaleza, sobre todo de los bosques, quien se desvive por un amor imposible.

En el escenario se aprecia al reparto envuelto en plástico, inmóvil, mientras el público va ocupando sus asientos. La atmósfera transmite sensación de  abandono, soledad, y poco a poco toma vida cuando descubrieron sus cuerpos y los objetos. Y sin importar en que época estaban ubicados, cada uno de los personajes se fue adueñando del escenario con sus palabras, movimientos, miradas y gestos.

Una silla de ruedas, un microondas, un colchón y muchos libros son algunos de los objetos que acompañan a los protagonistas, quienes cuando no actúan simplemente se detienen alrededor del escenario para observar el trabajo de sus compañeros, y en silencio esperar su turno para interrumpir la escena.

Todo transcurre en una ruinosa finca donde Vania y Sonia han trabajado fielmente para mantenerla.  Ahora el profesor Serebriakov y su joven esposa, Elena, han vuelto a la finca de visita trayendo con ellos el caos y la desorganización. Las visitas constantes del médico (Ástrov) no son nada útiles.

La comida ya no se sirve a la hora de comer, el trabajo sea dejado de de hacer, y las largas y frías noches se pasan sin dormir. Todo en un caos donde tres amores se consumen destinados al fracaso. Y en un clima sofocante y de esperanzas frustradas el profesor decide anunciar una decisión que desestabilizará a todos los personajes.

Completan el elenco Alejandro Cano quien hace de Vania, un personaje sumergido en la desidia y desilusión; José Gómez-Friha tiene un trabajo doble al interpretar a Aleksandr Vladímirovich Serebriakov, el profesor universitario retirado, y a Iliá Ilich Teleguin, un amigo de la familia, él se desdobla entre una boina y la silla de rueda. Los acompañan Teresa Hurtado de Ory como Sonia y Alicia Rubio como Elena, ambas se plantan en el escenario con gran ímpetu.

Un equipo magistral que logra el ritmo perfecto para mantener conquistado a los espectadores con cada diálogo, suspiro e incluso silencios. Cada uno se apoya en el otro para lograr esa atmósfera de encierro, de asfixia. Son solo cinco actores que dan vida a una historia que un principio se concibió para dos docenas, para luego llevarlo a nueve, y ahora Tarrasón en su versión lo dejó en cinco, sin perder la esencia que no es otra que el deterioro de la vida y sus miserias.

Un trabajo actoral cercano, que invita al público a un paseo por ese viaje llamado vida. Con un texto que nos lleva a la reflexión. Cabe destacar que la primera presentación de Tío Vania fue en 1900 bajo la dirección de Konstantín Stanislavski, quien también interpretaba el papel del doctor Ástrov, como sucede en esta puesta en escena, donde el director también encara dicho personaje. Se repite la historia.

Diferentes épocas, pero ambos salen airosos de sus retos para colmarse de aplausos junto a un reparto cargado de sentimientos encontrados, donde el hastío y tedio son el motor que genera todo el conflicto de la historia.

“Bebemos porque no nos gusta la vida que tenemos y así nos inventamos una llena de ilusiones”, Vania.

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