Criticas

‘Wenses y Lala’, descalzos sobre la hierba

18/04/2018

Susana R. Sousa

‘Wenses y Lala’, descalzos sobre la hierba

Adrián Vázquez, autor de “Wenses y Lala” y protagonista de la obra en México, contaba que el texto surgió una tarde desolada de invierno, de gira por España. Una tarde seguramente muy fría y desapacible, de esas a las que nos acostumbra a veces el invierno en este país. Quizás por esa melancolía que arropa a los que están lejos de casa y llevan muy dentro su raíz, “Wenses y Lala” nació como una historia de amor de textura triste. No obstante, el humor es un ingrediente fundamental en la obra, casi tanto como la ternura y la sencillez de la que hace gala.

La actriz italiana Elena Olivieri, cofundadora de Bodo Bodó Production, vio el montaje en México y quedó fascinada por su honestidad y su minimalismo. Por ello, adaptó el texto original de Adrián Vázquez y junto a Juanma Rodríguez lo ha llevado a los Teatros Luchana primero, y ahora a la Sala Mirador.

En el escenario, nada más cruzar el umbral de la sala, nos encontramos un círculo de tierra y un banco de madera. Sentados en él, dos jóvenes descalzos y vestidos con colores suaves que no dañan el espíritu de la escena. Ella es Lala, jovial, habladora, llena de vida y con unas ganas inmensas de contarnos su historia. La suya y la de Wenses, claro. Si pudiera, lo haría sola, pero quiere compartirlo con su amor Wenses, que, a su lado, espera su turno para hablar. Pero nunca llega, porque él no quiere hablar. Es tímido desde que la espiaba al otro lado de la valla siendo niño. Le cuesta soltarse ante un público al que no conoce, por eso Lala anima al honorable a que se presente. De esta forma, el público toma contacto con los personajes y se involucra, ya desde los primeros minutos, en la aventura que está a punto de revivir.

Con una puesta en escena carente de ornamentos, “Wenses y Lala” nos invita a relajar nuestra mente y a descalzarnos sobre la hierba para caminar junto a los protagonistas. Ellos ya están muertos y nos avisan antes de comenzar para que no haya sustos inesperados. Están muertos, pero son felices de haberse conocido y de haber vivido la historia de amor que les ha llevado hasta allí. A pesar de que su vida no fue especialmente dichosa, ni hubo lujos materiales en ella, Wenses y Lala dan gracias por lo que vivieron y sintieron.

Una obra carente de pretensiones que nos acerca a una intimidad que se suele perder en la vorágine de la vida actual. Melancólica a ratos, divertida, tierna y con dos notables interpretaciones.

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