Criticas

‘Zenit. La realidad a su medida’, sátira de un periodismo sin ética

18/05/2017

Mayelit Valera Arvelo

‘Zenit. La realidad a su medida’, sátira de un periodismo sin ética

De manera perspicaz e ingeniosa la agrupación Joglars presenta la obra “Zenit. La realidad a su medida”, en el Teatro Amaya; un montaje que hace reflexionar a los espectadores sobre el papel de los medios de comunicación en la actualidad, y también de quienes los consumen. Ya que infomar se ha convertirse en un “circo mediático”, donde lo importante no es la noticia, sino el show, lo que vende. Es así como dialogan en el escenario para enfatizar que hay que “darle a la gente lo que ellos quieren”. La pieza es escrita por Ramon Fontserè y Martina Cabanas.

Son seis actores que se mueven principalmente en una sala de redacción, donde tratan de ponerse de acuerdo sobre cuál es la noticia más importante para abrir el medio al día siguiente, y aunque no llegan a estar de acuerdo, gana lo que sorprende en el último momento, lo que hace vibrar los móviles sin contemplaciones, y aunque no es lo más apropiado, sí lo que atrapará más al público. “Porque en este periodismo no importa la moral, ni la ética, la finalidad es calmar la avidez y glotonería de la masa”, escribe el director en el programa de mano.

Como escenografía utilizan una estructura de tres niveles, de color negro, por donde aparecen los actores arrastrándose por el piso, o saliendo por los espacios entre las diferentes alturas, también sirve como trampolín para saltar al vacío. Es como un triángulo de tres pisos que se come y escupe a los personajes. El reparto está conformado por el director, Ramon Fontserè, quien interpreta al periodista de la vieja escuela, quien defiende los valores éticos de informar, investigar e indagar, y quien no maneja muy bien las nuevas tecnologías.

Lo acompañan en el escenario Pilar Sáenz, Dolors Tuneu, Xevi Vilà, Julián Ortega y Juan Pablo Mozorra, quienes de manera histriónica se desdoblan con varios papeles, y con energía aparecen y desaparecen durante hora y media de función. Todos geniales utilizan sus cuerpos y sus voces para crear personajes irrisorios que conquistan a los espectadores.

Y como en el mundo de las noticias, así mismo es ésta puesta en escena, vertiginosa, acelerada y con mucha información para digerir, pero con un planteamiento muy claro, hacer una crítica al periodismo y “reflexionar sobre la responsabilidad, tanto de los medios como de quien los consume, de la deriva que ha tomado cierto periodismo, recordadon que éste es un oficio imprescindible para la democracia”, escribió el director.

Una pieza cargada de creatividad e ingenio, donde evidencian el poder que tienen los medios, los cuales sino son bien llevados pueden ser muy peligrosos para la sociedad, la cual siempre está ávida de consumir información de donde venga. Y ahora con las nuevas tecnologías, tenemos otra ventana para la información, pero de una manera más liberada, con mayor velocidad y acceso, pero también con algunas desventajas.

Para contrarrestrar ese periodimo erróneo, también destacan al periodismo verdadero, el que todavía persiste en las calles en busca de la verdad, aunque con un enemigo siempre presente, el tiempo. En un mundo donde las noticias viajan con la velocidad de la luz, y donde ahora puedes ser el suceso, pero en cinco segundos ya lo es otro, como “Messi que se ha rasurado el pubis”, y se olvidó lo que estaba pasando, de manera voraz se consume sin ser procesado.

Realmente un trabajo admirable que les recomiendo en el Teatro Amaya. Muy bien logrado por esta compañía catalana que cuenta con un elenco extraordinario que no descansa hasta embelesar a su público. Son como una locomotora en acción, así como los sucesos estremecen las calles, ellos sacuden las tablas con un ritmo vertiginoso donde el móvil también es protagonista de la acción. Y es que los tiempos han cambiado y eso se nota.

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