Criticas

‘Ni con tres vidas que tuviera’, ¿por qué?

18/01/2019

Susana R. Sousa

‘Ni con tres vidas que tuviera’, ¿por qué?

El regalo del teatro

El teatro tiene la capacidad de ponernos frente a una realidad que sabemos que existe, pero que, o bien hemos olvidado, o pasamos por alto, ya sea por miedo, desconocimiento o pereza. Sentados cómodamente en la butaca, observamos un juego actoral que reproduce una historia y creemos que estamos a salvo, pero no lo estamos. Afortunadamente. Porque desde mucho antes de entrar en la sala, dejamos de ser meros observadores. Somos parte integrante de una obra desde el momento en que elegimos ver esa función. El teatro, lo creamos o no, nos reclama constantemente, debe hacerlo si es teatro. Nos llama la atención, nos pregunta, nos zarandea, nos despierta, nos hace reír, llorar y suspirar profundamente. No nos deja, en definitiva, estar sentados cómodamente en la butaca. El teatro es mucho más exigente que un terapeuta, porque habla sin tapujos de la vida y de la gente y abre las puertas de nuestra alma casi sin que nos demos cuenta.

Mucho de esto tiene ‘Ni con tres vidas que tuviera’. Nadie que haya visto esta obra puede decir que ha salido indemne, que no le ha hecho, cuanto menos, pensar someramente sobre “el regalo de la vida” del que habla en un momento de la obra uno de los protagonistas. La vida, la muerte, el sin sentido de la violencia, la guerra y el conflicto ideológico. De todo eso nos habla este montaje, también de la memoria y de la fragilidad humana. Y por todo ello, y mucho más, es un regalo.

Una nueva propuesta

Tras pasar por Nave 73, el texto de José Pascual Abellán vuelve a Madrid, en esta ocasión a la Sala Intemperie, con una puesta en escena diferente y un cambio en la dirección y el elenco. Después de acudir a ver la nueva propuesta, desde Todos al Teatro nos hemos tomado la licencia de repensar esta historia, dura y violenta, de mirar cara a cara a sus protagonistas a través de este nuevo montaje teatral.

El texto nace a raíz de la entrevista que el periodista Jordi Évole hizo al ex etarra Iñaki Rekarte en 2015 y que se emitió en televisión. La obra que nace de este texto nos traslada inmediatamente a la época en que ETA asesinaba, a nuestros recuerdos de aquellos días, sin embargo, no se queda ahí. No se queda en el conflicto vasco, ni en España, sino que nos invita a la reflexión sobre cualquier tipo de terrorismo. El dolor de las familias que han sido víctimas de terrorismo, el sentir de un país sumido en ese horror durante décadas, puede estar muy localizado en una zona, pero es universal. La necesidad de entenderlo, también.

Jorge Cabrera es el ex terrorista arrepentido que es entrevistado por un periodista, interpretado por Nacho Hevia, a raíz de la publicación de un libro en el que destapa toda su historia desde que entró en la organización. El tono neutro y solemne del periodista, contrasta con la intensidad del tercer personaje, que rompe el silencio desde sus entrañas para lanzar al aire su pregunta ¿por qué? Este tercer personaje está interpretado magistralmente por Lucía Esteso y se trata de la hija del matrimonio asesinado por el ex terrorista. Ella, como todos nosotros, quiere perdonar, pero no sabe cómo, porque no entiende, porque no hay nada que justifique la muerte de sus padres.

La obra se divide en tres espacios y momentos a los que accedemos a través del silencio y la oscuridad. El monólogo de la víctima, la entrevista y, finalmente, el encuentro entre la víctima y el terrorista. El escenario de la Sala Intemperie permite que los actores y los personajes estén muy cerca del público y que la función se convierta en una experiencia sensorial muy íntima. El dolor casi se puede tocar con las manos.

Estamos ante una obra en la que la palabra y el silencio dan forma a tres interpretaciones cargadas de fuerza que va in crescendo según avanza la trama y que culminan de forma perfecta con el encuentro final.

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