Criticas

‘Sangre en el Diván’, delirio de un psiquiatra

28/11/2018

Mayelit Valera Arvelo

‘Sangre en el Diván’, delirio de un psiquiatra

‘Sangre en el Diván’ es un monólogo basado en el libro del mismo nombre, escrito por la periodista venezolana Ibéyice Pacheco, quien recogió en el capítulo “El Delirio”, confesiones, testimonios, mentiras y alucinaciones del polémico psiquiatra Edmundo Chirinos, quien fue hallado culpable del asesinato de Roxana Vargas, su paciente de 19 años. Un suceso que conmocionó la opinión pública de su país, Venezuela.

La pieza llega al Teatro Fígaro de Madrid por la productora Gente en Escena. Con adaptación, dirección e interpretación del actor venezolano Héctor Manrique, quien nos deja boquiabiertos con su impecable actuación. Una caracterización extraordinaria que ha sido premiada en varias ocasiones. Un trabajo visceral impresionante que se estrenó en el 2014 en Caracas y se ha presentado en Miami y Ciudad de México.

Son 90 minutos de este personaje brillante donde el actor se las ingenia para mantenernos a sus pies, y como súbditos nos abstraemos para escucharlo solo a él. Con una elocuencia nos maneja a su antojo, con un personaje que lo puede todo, que tiene el poder de lograr lo que quiere y que el resto necesita a su lado. Un delirio extremo que solo un gran actor podía asumir, y así  mostrar al verdadero Chirinos, al narcisista, mitómano y megalómano, con mente retorcida y un ego enfermizo.

La representación se ubica en un consultorio, paredes blancas lo envuelven y en el medio un diván que moverá sin reparo. En el fondo la imagen del cerebro humano, a un costado una pequeña nevera, en su parte superior una botella de whisky, la cual se beberá durante la función, jactándose de no tener problemas con el alcohol. También reposa un cráneo, el cual lo acompañará durante toda la velada para simbolizar algunas de las personas que han pasado por su vida.

La obra comienza con una pequeña introducción donde se proyectan las fotos de Chirinos y su víctima, y donde se recalca que lo dicho en escena fueron palabras que el médico le expresó a la periodista. Luego se da inicio a la gran aventura teatral de la mano de Manrique, quien aparece en ropa interior, acostado en el diván, descalzo y moviendo sus manos con desenfreno.

Con solo un par de minutos nos hipnotiza con cada palabra, gesto y movimiento. Y como un encantador de serpientes nos hará reír; pero también nos intimidará con su locura sin límites. Su gran pasión: su profesión, de la cual le obsesionaba  la locura y la muerte. “Pero no me importa mi muerte, ni la de nadie. Y si algo tenemos en común todos los que estamos en la sala, es que todos somos futuros difuntos”, dice con desparpajo.

Hablará hasta el cansancio con una retórica peculiar. El público, absorto en su silla, no le responderá sus preguntas, a lo que nos encara y nos pregunta que si estamos ahí o está solo. Y es que su delirio nos paraliza. Repetidas veces pasará su mano sobre su pelo para acicalarse. En ocasiones junta sus manos tocándose las yemas de los dedos, respira y controla sus impulsos. Realmente un trabajo corporal excepcional. Así transcurre el montaje con un ritmo vertiginoso.

Chirinos inquieto camina de un lado a otro, salta, agrande sus ojos, casi llora al vociferar un poema, y es que por lograr lo que desea es capaz de todo. Prefiere no hablar de política y es que hay un tema mejor por escuchar: “hablar de él”, por eso abre sus brazos como un ser superior, y es que así se siente, por encima de los demás, imprescindible para el resto de los mortales. Este era Chirinos, quien llegó a ser rector de la Universidad Central de Venezuela, candidato a la Presidencia de la República, diputado a la Asamblea Constituyente y médico psiquiatra de tres Presidentes de la República.

Confiesa que no es egoísta y es capaz de amar a todas las mujeres sin excepciones, sin importar su físico. Pero cuando le toca hablar de su víctima la desprecia porque tenía sobrepeso y confiesa que nunca hubiese estado con ella, que lo que dicen es mentira, porque luego de haber tenido a las mejores mujeres del país no estaría con alguien así. En ocasiones juega con el público, los sorprende y hasta sube a una fémina al proscenio para que baile con él.

Poco a poco se va vistiendo, hasta convertirse en el gran médico de su país, con grandes cargos y al lado de importantes personalidades. Delirando intenta construir la historia desde su perversa psiquis, contando su vida como protagonista de importantes acontecimientos de los últimos 60 años de Venezuela. Para luego terminar en la cárcel, sentenciado a 20 años de presión por asesinato.

Llegando a los últimos minutos de la función Manrique muestra su rostro empapado de sudor ante una puesta en escena magistral. Y es que su energía se desborda. Ya completamente vestido comienza a despojarse nuevamente de la ropa, para terminar como inició. Un trabajo con muchos méritos, que se reconoce y se colma de elogios. Al terminar, con satisfacción, invita al escenario a la periodista que escribió el libro. Y antes de despedirse deja en claro que tenemos que estar “alerta” ante estos personajes con cara de corderos que luego se convierten en grandes lobos, y es que ninguna sociedad, ni país, está exento de la locura humana.

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